Se acostaba con la soledad, casi sin ganas. La felicidad, o más bien consuelo, que esto le traía era casi nulo.
Una mañana gris despertó rodeado de cientos de copias exactas de sí mismo. El semen desbordado en el vacío les había dado vida. Pensó (pobre iluso) que había encontrado la manera de paliar su melancolía, pero no contaba con que estos individuos, además de lo físico, compartían con él su misma condición de solitario.
La soledad fue entonces la misma, sólo que más grande, y aún más triste.
La imagen pintura es "Melancholy" (1891) por Edvard Munch.

2 comentarios:
kafkiano
¡Qué terrible soledad!
Siempre es mala compañía.
Un abrazo.
Juan Antonio
Publicar un comentario