lunes, 3 de octubre de 2011

Que se hunda...

Que se hunda el barco, que se hunda hasta lo más profundo, que se lo traguen las olas, que la sal corroa cada minúsculo elemento, que se ahoguen sus hornos y calderas, que el pulso de fuego en sus entrañas se apague, que sus pulmones henchidos de humo se hinchen de agua, que el timón se rompa, que los salones se aneguen, que los cristales se despedacen, que los camarotes se vuelvan submarinos, que las hélices se pierdan en el fondo del mar, que nadie encuentre nunca sus tesoros.

Pero antes de eso, que se salven todos, que se salven, todos... menos yo.


La imagen es de aquí.