Fui esparciendo
Toda clase de agujas,
Unas rojas, otras blancas,
De pez, de erizo,
De nopal, de hombre.
Mi existencia consistió
En una extraña huerta
De objetos puntiagudos
A lo largo del tiempo,
Y a lo ancho del mundo.
Este monumento al olvido,
Solo tuvo un sentido,
Si es que algún día lo tuvo.
Dispersé
A diestra y siniestra
Un silente bosque agudo
Con la secreta esperanza
De que la Muerte, tímida,
Al ver de mi vida
Los minutos
Erizados de espinas,
Desistiera de su empresa
Y me extendiera
Su descarnada mano
En son de paz.
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