domingo, 1 de enero de 2012

Nota inicial

Todo principio tiene un final, todo final tiene un principio.

No sé a ustedes, pero cada año nuevo me invade un furor extraño, un silencioso júbilo, una euforia misteriosa, un no sé qué que se cuela por las costillas, me recorre las entrañas, gravita alrededor del corazón y, siguiendo el flujo sanguíneo, se deposita cómodamente en el cerebro.

Esa semilla, venida de quién sabe dónde, despierta en mí el deseo de emprender un sinfín de proyectos, cientos (¿por qué no millares?) de viajes y lecturas (porque viajar y leer son la misma cosa), de escribir, de prestarles una mano a los demás, de ser mejor… metas a corto, mediano y largo plazo, sin tanta casaca, con el firme deseo de cumplirlas, porque sí, porque me nace del corazón, porque, según José Martí, “hacer es la mejor manera de decir”.

Les abrazo cálidamente al inicio de este dos mil doce, y espero, de corazón, que trabajemos todos juntos por un mundo más humano.


La imagen es de aquí.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Me alegra saber que ese sentimiento de nuevos aires, de renovación, ese impulso de avanzar se ha apoderado de ti. Ojalá aún perdure.

Pedro dijo...

Es el espíritu del renacer que se posesiona de nosotros, como un fénix interno que resurge de las cenizas de la cotidianidad. Cruzaré los dedos, ojalá perdure.