que en la otrora guerra
intestina
sus baños de sangre
no fueron baños de sangre,
que fueron ellos,
desinteresados paladines,
quienes arrancaron del potro
sangriento
a la patria, a la palabra, a
la libertad,
que deberíamos estar
agradecidos
de su filantropía,
que a juzgar por sus actos disidentes
se condenara, ¿a más fuego, a
más muerte?
a la paupérrima y roída
poesía.
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