lunes, 21 de junio de 2010

R-e-l-o-j

Tomó el reloj en su diestra y le lanzó contra el piso, con toda la fuerza que sus músculos le permitieron.
¡A-ñ-i-c-o-s!

El reloj se despedazó en el acto.

El cadáver quedó tendido el piso, sangrando tiempo...


La imagen es de aquí.

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