¿Qué hace uno frente a la inerme hoja en blanco? Violentar un poco su pulcritud, atreverse a dejar de lado los atávicos preceptos morales y volverse inmoral, manipular suavemente esa dócil piel albina y garabatear sobre ella la figura de algunas ideas aladas que acierten a cruzar en ese preciso instante el cielo mental; pero si ocurre que por extraña razón éste se encuentra un tanto nublado, o peor aún, tempestuoso, ha de tomarse la esencia de la impresión que genera en el corazón ese viril trueno (si el músculo cardíaco se acelera un poco, si desacelera, si incluso se detiene y luego vuelve a andar, o si ya no lo hace…) y darle concepción allí sobre el papel.
El papel hará entonces de pesebre, receptáculo, habitáculo o sanitario, todo dependerá de las ideas que apadrine.
La imagen es de aquí.

2 comentarios:
yo suelo cortarla a la mitad
hacer un barquito de papel con una mitad
y cortar a la mitad la otra mitad
para hacer otro barquito con la nueva mitad.
Y así.
¿Y la flota prometida? No me importa que vayan en disminución, eso le hará más simpática.
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