No suelen ahora visitarme de manera tan frecuente las palabras. Antes solían juguetear en ese obscuro y gigantesco desván que es la memoria, pillando a algún recuerdo desprevenido, arrojándolo a la luz, arrancándolo de su cómodo exilio y usándolo como combustible para atizar la llama de la inspiración. Esas evocaciones resultaron ser de lo más inflamables, pues por grandes períodos de tiempo ese fuego permaneció vivo, dándome, dándonos calor, calor y color, luz más que nada.
Pero esa hoguera fragantísima, hoy extrañada, al parecer quedó incrustada en el pasado, un pasado que aunque mío (claro, cosas de ilusos el clamar para sí fragmentos temporales), me resulta en este instante certero tan distante, tan extraño. Pareciera ser que al haber saciado su apetito de lozanas recordaciones ese fuego demencial en venganza propia (aún no averiguo sus motivos), se confinó en un terruño del cual hace tanto desconozco, y no sólo me desconoció, sino también hurtó a sabiendas mías parte de mí.
Ahora que lo analizo bien, es alguien, o algo, de lo más excéntrico, este fuego que conozco. A diferencia de los voraces incendios que devoran todo a su paso, éste sólo se limitaba a quedarse en su sitio, quietecito, recibiendo de la mano amiga la dosis necesaria de alimento a cambio de su luminosidad, como algún sol egoísta cobrando por su albor.
Pero el volver sobre mis pasos al momento exacto donde el fuego y yo nos distanciamos ha resultado infructuoso. Y es que no sé si pedirle perdón, pues no recuerdo la ofensa, y sinceramente no creo grato el sacrificar más memorias en aras suyas. Si es que decide algún día dejar de ser un acidísimo anacoreta, creo volverán a florecer las páginas con insólitas historias, o no tanto, pero al menos tendrán sustento, más del cual ahora les puedo ofrecer.
La imagen es de aquí.

4 comentarios:
Después de leer un libro, me parece estar llorando a causa de pecados que nunca cometí y plañendo tragedias ajenas.
Siempre me parece que la lectura produce ese efecto: nos crea un pasado que ignorábamos ... y nos llena de un sentimiento de dolor oculto a nuestras lágrimas.
Me has atrapado ...
Saludos
María.
Pathos, emociones que surgen desde los rincones más obscuros.
Gusto de hallarte, María.
Saludos.
Los recuerdos que salen de su cómodo refugio cuando tiramos de ellos y los convertimos en palabras, ya dejan de serlo y se convierten en otra cosa.
Estupenda entrada, y muy original tu blog, me encantó.
Saludos
L;)
L.P, muchas gracias. Espero nos sigamos leyendo.
Saludos.
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