Hay miradas,
como la suya,
que descalabran
el alma.
Mientras observa
flaquean las fuerzas,
siente uno
descoyuntarse
pies y manos,
la cabeza no acierta
a aferrarse al cuello
y el corazón
se detiene.
Uno se siente asido
por mano invisible,
no quiere soltarse,
se deleita con
la posesión,
quiere pedirle
que no deje
de observarle.
Pero usted parpadea
y el embrujo
se rompe,
no es a mí
a quien busca.
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