Aquel dinosaurio sintió cómo se le caían una a una las escamas, los dientes, las garras, hasta verse privado por completo de todo instrumento que le hacían sentir invulnerable. Dejó de ser pues, dinosaurio, y recuperó su frágil condición humana, aunque su monstruosa esencia permaneció intacta.
Enhorabuena, Guatemala.
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