sábado, 5 de julio de 2014

Enfermarse de nostalgia

A veces
me da por toser
compulsivamente,
me sofoca la nostalgia

Doquiera que voy
dejo en el aire
una estela de polvo
amarillento

Los que me ven pasar
se cubren
compulsivamente,
-nadie quiere
enfermarse
de nostalgia-,
menos
de una ajena

II

Se rebalsa el poso
de melancolía,
de llanto,
de reproche

Invade ese aroma acre
de recuerdos
en fermento,
de huesitos rotos
de alitas tronchadas

La lengua, yerma
de salmos
y jaculatorias
no acierta a decir siquiera,
¡carajo!
mierda alguna
de esta tristeza

III

Perdido el norte,
¿qué queda sino seguir
a tientas por el laberinto?

Y es que esa hebra
luminosa, sacrosanta
de hilo de memoria,
a la vez que llave
de todos los paraísos
perdidos, y por perder,
es hilo con que se cuelga
mi angustia
a dar vueltas
en espiral

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