La calle, testigo silenciosa de lo que ocurre en rededor, siempre observante, siempre atenta, todo lo escucha, todo lo sabe, todo lo calla. Quisiera ser dueño de esa misma paciencia pétrea, dedicarme por un instante a observar, sin causar siquiera el más imperceptible de los pulsos, sólo observar, que hasta el viento mismo siguiese su rumbo, ajeno a mi presencia, traspasándome, y que mi sombra por un instante se dedicase a vagar a sus anchas, sin prisas, sin miedos, sin ataduras. En el fondo tal vez deseo ser un extraño en verdad extraño, un espectador nada más, un punto perdido y no extrañado del espacio, sin pena ni gloria, un anónimo.
La imagen pintura es "Decalcomanie" (1966) de René Magritte. (Fuente: http://www.ionoi.it/index.php?pages=fashion)

2 comentarios:
Hay una corriente en los asuntos de los hombres que, tomada como se quiera, es mala, y les abandona en callejas y calas olvidadas ... que ningún espíritu decente intentaría visitar.
No puedes detener la corriente; pero puedes, de vez en cuando, arrestar algún aventurero temerario, quien ... él ... difícilmente agradecerá tus sufrimientos
Sós deliciosamente sonoro en tu escritura
Besos.
María, gracias, es muy curioso lo que dices. Me gustaría leer más sobre ello. Besos.
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