Tiembla, las partículas una a una caen de su sitio, los tristes montículos de sal desmoronándose, minúsculos cataclismos, frágiles estructuras derruidas, cristales esparcidos a diestra y siniestra, cadáveres entre el detritus. Increíble como antes todo parecía tan quieto, cada cosa en su sitio, cada cual en lo que le correspondía, todos en una armonía raras veces alcanzada, casi utópica. Y de pronto, sin que nadie lo sospechase, al filo de la noche, el temblor, imperceptible, moderado, grave.
Los equilibrios, tan efímeros.
La imagen es de aquí.
4 comentarios:
Hay que tener el don de tratar a las palabras, conocer sus gustos, sus caprichos, sus debilidades
... eres su encantador ...
Un abrazo.
Me recordó al espejo ... o más bien vi mi reflejo:
Se encontró reflejado en una pila aleatoria-
configuración de escombros, de chatarra,
de insignificantes arreglos de chunches;
pero en equilibrio increíble,
estabilidad precaria en potencial derrumbe,
en preámbulo al colapso;
el espejo más exacto,
se encontró.
María, las palabras son materia delicada. Un abrazo.
Guille, ahora yo también me encontré. ¿Ése lo tenés en tu blog?
Hola , paso dejando un rastro para agradecer que me sigues aun, como siempre un gusto refinado el poder leerte!
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