martes, 16 de marzo de 2010

Reflexiones de viaje: El perro

Me asomo a la ventana, el cadáver canino sigue allí, inerte sobre el asfalto, desperdigado en cientos de fragmentos como un espejo roto. El sol, la lluvia, los parásitos, el tiempo, todos corroen lentamente, van reduciéndole a polvo, comiéndole poco a poco.

Me asomo a la ventana, el cadáver canino ya no está, inerte sobre el asfalto yace la silueta que dejó impresa la huella de su partida, triste y lacónico ultimátum.


La imagen es de aquí.

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