Hubo una vez una mujer que estaba cansada de su rostro, por lo que decidió que era mejor comprarse un antifaz. Buscó por todas las tiendas pero no halló ninguno que le pareciera adecuado. Caminando por un callejón encontró lo que buscaba, o más bien, éste le encontró a ella.
Corrió a su casa, se puso frente al espejo y se colocó el antifaz. Quedó anonadada con el brillo y hermosura que éste despedía. Satisfecha, salió a la calle con su nuevo accesorio.
La gente al verla pasar se persignaba y apresuraba el paso para alejársele. Los niños daban alaridos y los perros le ladraban. Un ciego que la escuchó alejarse arrastrando los pies dijo para sí: “Ah, aunque la Muerte use antifaz de seda, muerta se queda.”
2 comentarios:
hay muchos de esos que necesitan de esos otros para ser felices :) bien escrito!
Saludos!
Gracias Issa, saludos.
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