Hállome aún aquí, persiguiendo las quimeras adustas de memorias rotas, intentando reunir los fragmentos dispersos de un rompecabezas ininteligible. En el vórtice del remolino de ceniza he abierto los ojos, detrás de ese velo mortuorio he descubierto el por qué. Pero en el instante certero en que he querido dar vida a la verdad descubierta, abruptamente las manos de la censura me han silenciado.
Espero que tarde o temprano el llanto corroa estos negros barrotes, para que cuando eso suceda estas tinieblas de ignominia sean exterminadas, porque de esta boca llagada y sucia brotará luz a borbotones.
Una palabra bastará.
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